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Feliz 2022

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Este año a menudo me ha venido a la mente uno de los motivos que más me fascinan de los cuentos tradicionales: el de tener que caminar hasta gastar un par de zapatos de hierro. Suele aparecer cuando un personaje rompe un tabú: como castigo no conseguirá su objetivo hasta haber caminado tanto que gaste las suelas de unos zapatos de hierro, que ya es decir, o incluso varios pares (en algunos cuentos incluso se mencionan cien, lo cual es realmente una proeza).

Me imagino al personaje caminando sin cesar, con la impresión de que su sufrimiento no acabará nunca. Como inacabable parece también la pandemia y el alejamiento de una de las cosas que más amo del mundo, que es contar cuentos.

Sin embargo, el hecho de saber que en los cuentos el caminante siempre acaba por gastar las suelas de hierro y conseguir su objetivo tras muchas penalidades, te dota de una resiliencia a prueba de bomba. Pues incluso las situaciones más penosas pueden acabar llevándote hasta lo que estás buscando. De momento, ya nos ha llevado hasta final de año, y nada me impide compartir un cuento con vosotros. Y hablando de zapatos de hierro, en esta ocasión he elegido un cuento de animales que calzan zapatos de hierro y los gastan con bastante regularidad que espero que os guste:

Dicen que había un campesino que tenía un caballo muy viejo en sus campos, y un día el caballo huyó a las montañas.
― ¡Qué mala suerte! ―le dijeron los vecinos al saberlo.
― Mala suerte, buena suerte… ¡Quién sabe! ­―respondió él, desconcertando a todos.

Una semana después, el caballo volvió de las montañas… seguido de una manada de caballos que se quedaron en las tierras del campesino.
― ¡Qué buena suerte! ―dijeron los vecinos.
― Buena suerte, mala suerte… ¡Quién sabe! ­―respondió el campesino.

A la mañana siguiente, el hijo del campesino intentó montar uno de los caballos salvajes: se cayó y se rompió una pierna.
― ¡Qué mala suerte! ―dijeron los vecinos.
― Mala suerte, buena suerte… ¡Quién sabe! ―respondió el campesino.

Unos días más tarde, el ejército entró en el pueblo y reclutó a todos los jóvenes para ir a la guerra, excepto al hijo del campesino, por tener la pierna rota.
―¡Qué buena suerte! ―dijeron los vecinos.
―Buena suerte, mala suerte… ¡Quién sabe! ―respondió el campesino.

Os deseo un año con buena suerte y buenos cuentos!

Foto: Benjamin Nelan, Pixabay

cuentos de enero

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Este mes de enero toca quedarse en casa y centrarse en las cosas pequeñas, en diversiones posibles y más recogiditas, que son más de las que nos parece a primera vista. La nueva normalidad ha resultado mortal para los cuentos presenciales; sin embargo, el cuento nunca muere, sino que se transforma y resurge de formas inusitadas y, por supuesto, creativas.

Hasta ahora siempre había sentido pánico por la improvisación; probablemente porque me la tomaba más bien como una cucharada de jarabe que hay que tragar y no como un juego para saborear mejor la imaginación más espontánea.

Pero el confinamiento también tiene sus cosas buenas, y una ha sido la de descubrir los talleres de improvisación virtual, y también el espacio Historias de 10 contadas de cine, creado con mucho mimo por Mar del Rey y Simone Negrin, que nos ofrece la oportunidad de mezclar cine con cuentos e improvisación, y volver a nuestra cotidianidad con la sensación de haber estado en una sala de proyección rodeada de amigos.

Este domingo por la noche estaré como artista invitada contando un cuento sobre muertos y aparecidos al que le tengo mucho cariño, a pesar de que lo que acabo de decir suene algo tétrico. Ojalá os animéis a venir y os convirtáis en un público fiel. ¡Hasta entonces!

Historias de 10 contadas de cine
domingo 24 de enero a las 21h
Mar del Rey y Simone Negrin
con Susana Tornero
vía zoom
Entrada libre, salida taquilla inversa
Reserva tu butaca en: taquilla@mardelrey.com